Cuando comer es un problema

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Cuando comer es un problema
Por Norma Rodríguez Olivares.

Los datos provocan escalofríos y el silencio que circunda el tema es aún más aterrador pues se sabe que los Trastornos Alimenticios existen y afectan a cada vez más a niños y niñas en edad escolar básica, aunque muy poca gente habla de ello.

“Miss, ¿estoy gorda?” es una pregunta que escucha frecuentemente Nadia, maestra de primer grado en una prestigiosa escuela del Estado de México. En su grupo hay niñas de seis y siete años que en su mayoría ya se preocupan por el sobrepeso y la apariencia física, no de una forma saludable sino partiendo de los mitos de que un cuerpo esbelto es igual a un cuerpo hermoso. Lo grave es que no se trata de un caso aislado, es un tema que se vive en cifras mucho más altas de las que conocemos y que, tras años de investigación, la Fundación Ellen West resume con los siguientes datos:

* La anorexia, bulimia y el comer compulsivo son enfermedades epidémicas en México.
* No son adicciones ni caprichos o modas, son enfermedades que no deben tratarse en hospitales psiquiátricos o en centros de rehabilitación de adicciones, sino en clínicas especializadas.
* Sus consecuencias son graves y pueden provocar la muerte o causar severas alteraciones en la salud física y mental de quienes las padecen. ​
* La edad de incidencia de los trastornos alimenticios es cada vez menor.
* La anorexia es la tercera enfermedad crónica más común en los adolescentes.
* Los trastornos de la alimentación tienen la más alta tasa de mortalidad de cualquier otra enfermedad mental.
* Las niñas se empiezan a preocupar por hacer dieta desde los 6 años de edad.

Y es que, según estudios, los trastornos de la conducta alimentaria aumentaron un 300% en los últimos 20 años provocando en niños, adolescentes y jóvenes anemias severas, daños cerebrales, calambres y hormigueos, fatiga crónica, falta de concentración, fallas cardiacas, afectaciones en el ciclo menstrual, debilitación en huesos y dientes, e incluso la muerte temprana. Sin embargo, estas enfermedades son curables si se atienden justo cuando se descubren algunos indicios que son fácilmente detectables no solo en casa, sino en la escuela, que es donde los chicos pasan una gran parte del día.

Para la doctora Martha Díaz Rodríguez, Paidopsicóloga de la Clínica Ángeles de Trastornos de la Conducta Alimentaria, hay focos rojos que deben reconocer las autoridades escolares, “el miedo intenso a subir de peso que denotan en sus comentarios, alteración en los patrones de alimentación, restringir ciertos alimentos, dejar de comer o utilizar cualquier método para ‘eliminar’ lo que no necesitan como el uso de laxantes o ejercicio excesivo. Los atracones, es decir la ingesta de alimentos en cantidad excesiva y en un tiempo breve, e incluso los cambios de conducta repentinos son datos de alarma. Algo común que los padres y profesores hacen, y no es lo ideal, es regañar a sus hijos por tener estas conductas o por pensar que están “muy gordos”, lo cual entorpece la comunicación y confianza entre los adultos y estos chicos. Por ello es importante estar informado de los TCA y si se detecta un posible caso, escuchar atentamente y fomentar el tratamiento oportuno”.

La doctora Díaz asegura que frecuentemente, los adolescentes que presentan TCA están seguros de que no tienen un problema de alimentación y consideran que sus ideas (“de estar gordos”, por ejemplo) son adecuadas. Por ello, el tratamiento óptimo incluye un equipo multidisciplinario con atención por parte de psicología, psiquiatría o psiquiatría de niños y adolescentes, y nutrición. Abarcando terapia individual, grupal, familiar, tratamiento farmacológico y psicoterapéutico para las comorbilidades (problemas mentales añadidos al TCA como depresión o ansiedad), psicoeducación del TCA y un plan de alimentación individualizado. Por ello es ideal que el personal de las escuelas se informe adecuadamente para conocer más al respecto, para poder promover la detección oportuna de las enfermedades y prevenirlas en sus planteles.

Por su parte, desde 1988 la Fundación Ellen West trabaja en el tratamiento de estas enfermedades en México y ha visto cómo lo que tradicionalmente se identificaba con mujeres de alto nivel socioeconómico, ha permeado a todas las clases sociales cobrando víctimas cada vez más jóvenes. ​Por ello no solamente brinda información a la sociedad sobre los desórdenes alimenticios, también desarrolla programas para prevenirlos, capacita a especialistas y ofrece diagnóstico, tratamiento y rehabilitación a niñas y mujeres que los padecen. De ahí que sea la mejor herramienta para trabajar con el trinomio educativo –maestros, padres de familia y alumnos–. “Estas chicas y chicos que sufren bulimia o anorexia tienen de 13 a 15 años y no saben que están enfermos, pero lo peor es que sus padres tampoco lo notan. Se piensa que es un capricho, parte natural de la adolescencia, que se quita solo, que es un problema de niñas superficiales y de clase alta, que es algo que nos pasa a todos a cierta edad, lo cual no es cierto. Se trata de una enfermedad bio-psico-social que generalmente afecta a personas muy perfeccionistas, excelentes atletas, alumnas de diez que en el fondo son muy vulnerables y tienen baja autoestima”, asegura Araceli Aizpuru de la Portilla, Directora y Fundadora de Ellen West.

Pero, ¿cómo puede detectar un maestro si existe ese problema en algunos de sus alumnos? “Esos niños o niñas pasan muchas horas en la escuela y además tienen actividades vespertinas o deportivas, y aunque el enfermo siempre lo va a negar, sus conductas revelarán que algo anda mal. Así es que puede ser el profesor, el director, el entrenador o algún otro compañero quienes lo detecten y puedan actuar de una manera mucho más propositiva y funcional, porque también en un momento dado la escuela puede ser un caldo de cultivo que propicie el problema. Los maestros observan cosas que en la casa no vemos y tienen la obligación moral y ética de tener los conocimientos fundamentales para detectar a un alumno con trastornos alimenticios en el aula y saber cómo afrontar el problema. En Fundación Ellen West tenemos información sobre qué debe hacer y qué no un entrenador al referirse al cuerpo de una mujer (eres muy lenta, mete esa panza, tus piernas están muy flácidas, ¿qué comiste que estás tan pesada?). También les mostramos a los profesores los signos de alerta y la forma en que debe acercarse a los padres del alumno para sugerirles una evaluación médica del menor, del mismo modo en que los alertarían de una posible diabetes o algún otro padecimiento físico”, aclara Araceli Aizpuru.

Sin lugar a dudas, lo primero es aceptar como institución educativa que se trata de una realidad y posteriormente abrirse a la información y a capacitar a su personal para la prevención y detección del problema. No es algo malo que estigmatice a la escuela o a quien lo padece, sino una enfermedad que hay que tratar con urgencia; que tiene un inicio, un transcurso y una curación al cien por ciento si se abren los ojos a tiempo. Y una forma de hacerlo es acercándose a este tipo de instituciones, “actualmente estamos trabajando en la Segunda Cruzada Nacional contra la Anorexia y la Bulimia en diversas secundarias, preparatorias y universidades y visitando medios de comunicación que nos ayuden a promover la prevención y con patrocinadores y embajadores que se han ido sumando a la causa. Durante todo el año habrá diferentes actividades y queremos formar coordinadores que pueden ser directores de escuelas o padres de familia que nos ayuden a llevar programas muy sencillos sobre alimentación, autoestima e imagen corporal”, concluye la doctora Aizpuru.

En sus conferencias, pláticas y talleres, Fundación Ellen West explica cómo ayudar a una persona; cómo apoyar a un amigo que tiene problemas de alimentación; como entrenador o maestro, qué hacer en el aula o en la cancha; cómo decirlo a los padres y cómo la educación y la información destruyen todos los mitos que rodean a la bulimia y a la anorexia. También recomiendan a los padres y en especial a las mamás cuidar los adjetivos que usan al hablar por ejemplo de grasas y carbohidratos, y dejar de hablar de sobrepeso, celulitis y dietas, porque las pequeñas solo replican lo que escuchan sin tener todavía un criterio bien formado sobre su imagen corporal.

Ellen West, la poetiza austriaca que murió de Bulimia Nerviosa a finales de los años 30, cuando aún no existían los elementos para diagnosticar la enfermedad, decía: “dos cosas me torturan, el hambre y el miedo a engordar” y es, sin duda, la frase más dolorosa que podríamos escuchar en un niño o niña en edad escolar.

Referencias:
-Fundación Ellen West
www.ellenwest.org
Tel. 58120877
dirección@ellenwest.com

Dra. Martha Díaz Rodríguez
Clínica Ángeles de Trastornos de la Conducta Alimentaria
http://www.hospitalesangeles.com/clinicaangeles
ALERTA ESCOLAR
También la Secretaría de Educación Pública ha puesto el dedo en la llaga de los problemas de alimentación en estudiantes mexicanos. Estos son algunos resultados de una encuesta reciente:
– En la República Mexicana hay 3 millones y medio de personas enfermas con algún TCA.
– El 30% de las mujeres encuestadas han dejado de comer por más de 12 horas continuas debido al miedo a engordar.
– 1 de cada 10 alumnos varones de nivel bachillerato ayuna como alternativa para el control de peso.
– El 38.8% del sexo femenino y el 18.6% del sexo masculino encuestado han tomado pastillas para bajar de peso y el 24% lo ha hecho en los tres últimos meses.
– 2 de cada 10 personas encuestadas ha vomitado como herramienta para bajar o controlar el peso.
– El 11.3 % de las mujeres a quienes se les preguntó y el 6.2 de los hombres han tomado diuréticos para bajar de peso, mientras que el 13.5% de la población femenina y el 7% de la masculina confesaron tener prácticas bulímicas frecuentes para la pérdida de peso.

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