La autoridad en la escuela

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Autoridad EscuelaMuchas veces, la palabra autoridad nos despierta cierto temor sin saber por qué. Normalmente confundimos este término con el de autoritarismo que implica ejercer nuestra autoridad sin tomar en cuenta las necesidades del otro, imponiendo normas arbitrarias y abusando de la función. Recordemos lo que plantea el Diccionario de la Real Academia Española: autoridad significapoder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho. Potestad, facultad, legitimidad. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia”.

Entonces, si a la autoridad se le atribuye un saber, cabe aclarar que, por paradójico que parezca, para sostenerse en ese lugar y ser reconocido por los demás, la autoridad deberá asumir sus limitaciones, esto es, comprender que no puede constituirse como “modelo” a seguir en todo y siempre.  Al contrario, es importante que transmita la idea de que no se ostenta como conocedora absoluta y que puede tolerar sus propios errores y aprender de ellos (lo opuesto a la omnipotencia). El error ocurre cuando quien representa a la autoridad comienza a sentirse todopoderoso y poseedor de la única verdad, aniquilando la creatividad del resto. Por ejemplo, si un jefe, director o maestro “se cree la ley”, comenzará a mandar de manera injusta, no siguiendo las reglas que él mismo estableció. La coherencia es fundamental: si se le pide puntualidad a los docentes y alumnos, el director o la directora deberán ser los primeros en llegar a tiempo, si los profesores fijan fechas de entrega de trabajos para los alumnos, ellos también deberán cumplir con los tiempos establecidos.

Por otra parte, pareciera que la autoridad que antes venía dada por el propio título, ahora tiene que ganarse, y en ese sentido se instaura un ideal nostálgico de una autoridad “perdida”. Pensemos en la idea que tenemos sobre lo valorado que era un maestro rural o la figura del padre, que en otros tiempos eran tomados como símbolos de conocimiento y experiencia.

La pregunta es ¿cómo podemos asumir esta función? Como sabemos, existen distintos tipos de liderazgo (liberal, autocrático, paternalista, etcétera); dentro de la postura democrática se trata de involucrar al personal o a los alumnos, dependiendo del caso, en la toma de decisiones. Si ellos tienen que ver con el problema, quizá de ellos mismos provengan las mejores soluciones. Desde este punto de vista, el líder necesita tener en cuenta su meta para poder transmitírsela al equipo, considerando que trabaja con seres humanos y la perfección no existe.

Sin embargo, pareciera que hoy sometemos a votación la aplicación de ciertas normas básicas e imprescindibles que sirven de regulación y contención para vivir en comunidad, fijando los límites de lo que está permitido y lo que no, ofreciéndonos un marco de referencia y haciéndonos sentir protegidos al tener claro lo que se espera de nosotros. Es decir, en algunos casos la misma autoridad, basada en su experiencia y capacidad, decidirá y simplemente informará sobre ciertas cuestiones.

Por lo tanto, no podemos renunciar a esta función porque dejaríamos a niños, adolescentes y a los mismos adultos sin la oportunidad de convivir con los demás quedando librados a nuestros impulsos violentos sin nadie que medie a través del ejercicio de la Ley. De esta manera, la autoridad es básica para que puedan funcionar las instituciones educativas: desde los directivos que se colocan en este lugar ante el resto del personal, como los maestros que deben ocupar esta posición dentro de su salón de clases.

Por otro lado, quien representa a la autoridad debe saber que por el simple hecho de estar ahí y de sostener cierta asimetría (desigualdad de atribuciones y roles) necesaria, será blanco de diversas emociones por parte de quienes laboran en su grupo: la primera cuestión será cómo lidiar con los sentimientos de envidia y de odio, así como el peso de todas las idealizaciones y expectativas de las que es objeto y que se despiertan simplemente por ser “el jefe, el maestro, el padre…” Muchas veces se proyectan sobre la autoridad sentimientos que en realidad tienen que ver con figuras más originarias. Por ejemplo: el jefe puede vivirse como un padre castigador o la maestra como una madre demasiado severa.

Es por esto que quienes se encuentran en esta posición deberán realizar un trabajo personal muy arduo, ya que muchas veces son depositarios de las quejas, deseos y anhelos de cada uno de los miembros que conforman el equipo, reconociendo que nunca podrá satisfacer cada una de las demandas y que es imposible “darle gusto a todos”. Su tarea será escucharlos y tomar la decisión que mejor le parezca para llevar a cabo la misión de la institución en general.

Por último, recordemos que la autoridad no se ejerce por medio de la violencia ni de la seducción y por ningún motivo se espera que se vuelva una relación sometido-obediente/dominador-amo. Más bien, se trata de establecer un vínculo basado en la admiración y el reconocimiento.

Claudia Hirsch
Pedagoga y psicoanalista
educacionypsicoanalisis@gmail.com

Foto: ANSESGOB via photopin cc

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