Los valores éticos en las escuelas (Parte 1)

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socrates-300x200Un proceso científico y acreditable

Durante muchos años se ha mantenido la discusión sobre el papel que juegan las instituciones educativas respecto del desarrollo humano integral; se discute sobre la importancia de la formación en contraste con la instrucción.

Una visión utilitarista y pragmática de la educación se acerca a la defensión de que el papel de las escuelas corresponde únicamente a desarrollar en los alumnos habilidades, destrezas y conocimientos necesarios para atender con eficiencia las necesidades de un mercado laboral que responde básicamente a fines económicos; mientras que la formación axiológica es un papel relegado a la religión y a la familia.

Ciertamente nuestro país demanda para su desarrollo, personas con profundos conocimientos tecnológicos y de las ciencias duras para impulsar el desarrollo económico y abatir los principales problemas de pobreza, pero la radicalización de esta posición ha llevado a ésta sociedad a consecuencias que hoy son evidentes y representan el principal lastre que paradójicamente limita el desarrollo de México como nación; casos de corrupción, la evidente superación de las organizaciones criminales sobre los cuerpos de seguridad, los climas de inseguridad y violencia que viven las principales ciudades de nuestro país y los índices de drogadicción, delincuencia juvenil, violaciones, embarazos prematuros por sólo mencionar algunos casos, son los principales males que se han infiltrado en las raíces de la sociedad y representan actualmente el principal reto a vencer por parte del Estado.

Es entonces cuando nuevamente las escuelas deben reflexionar sobre el papel que juegan en la formación de los niños y jóvenes de su país, nuevamente deben considerar la importancia de la formación en valores en todos los niveles educativos, sin menospreciar la importancia de la tecnología, así las escuelas deben reconocer que su principal función es la de formar personas y que toda idea de educación debe corresponder a una correcta visión antropológica del ser humano, reconociendo tanto dimensiones como facultades y aceptando la correcta jerarquización de las mismas impuesta por su propia naturaleza.

“Toda educación tiene por sujeto al hombre. Pero el hombre concreto vive en un mundo de valores que le invitan a realizar su vida de conformidad con ellos”1

Sin embargo, una vez reconocida esta necesidad muchos son los que han acudido al llamado y pocos lo han hecho con los conocimientos requeridos para ello, provocando ahora en “La moda de los valores” información difusa, desorientación, ligereza en su acercamiento y falta de profesionalismo, hechos que ahora provocan el surgimiento de un nuevo tipo de ética o más bien pseudo ética en la que la permisibilidad, el relativismo y la falsa información son sus principales rasgos, una corriente que evita la incomodidad de la conciencia a costa de jugosos beneficios de quienes la promueven, provocando nuevas desesperanzas y confusiones.

Sin duda mucho se hablado sobre la formación en valores dentro de las instituciones educativas, de las formas pedagógicas de abordar sus contenidos y de los retos de promover actitudes que se finquen en valores universales; mucho se ha avanzado al respecto pero indudablemente al final de cuentas se ha reconocido la gran importancia del ejemplo, de la congruencia entre el decir y el hacer y de las características del entorno en el que un ser humano se desarrolla.

En consecuencia nace la metodología y la norma de certificación: “Escuela con valores éticos” esta metodología hace posible trasladar los principios éticos filosóficos a prácticas organizacionales que pueden ser auditables, ordenando los esfuerzos, sistematizando los procesos y alineando los sistemas axiomáticos a fin de lograr al interior de la escuela, climas y culturas que propicien la formación en valores en sus educandos.

Premisas de fundamento

El proceso de certificación en la norma de “Escuela con valores Éticos” tiene como fundamento principios ético – filosóficos que dan lugar al siguiente conjunto de premisas

La educación es la base de cualquier proceso de transformación

La educación es sin duda la verdadera respuesta a los principales problemas que aquejan a la sociedad de nuestros tiempos, pero no hay que confundir la educación con la instrucción, la segunda bajo un enfoque reduccionista se limita al desarrollo de habilidades y destrezas para que una persona responda a las necesidades de un mercado laboral caracterizado por el utilitarismo. La educación en cambio considera al ser humano en todas sus dimensiones y facultades, realiza un proceso de jerarquización en atención a la naturaleza del ser humano, donde las actividades económicas que siguen siendo consideradas importantes, no se anteponen a los valores que nos perfeccionan en lo más íntimo de nuestra naturaleza y dignidad.

Todo lo que ha sido hecho primero ha sido pensado

La capacidad creadora del ser humano es una capacidad que queda determinada en primera instancia por una de sus facultades superiores que es el intelecto, como base primaria de cualquier operación. La otra facultad superior del ser humano es la voluntad, la cual es una facultad elícita, llamada así, por proceder necesariamente por un intelecto que le presenta lo que puede ser apetecido. “Nadie puede querer lo que no conoce”, y cada acto del hombre es precedido por su inteligencia quien ilumina a la voluntad cual faro al barco, y determina el rumbo; es en nuestra inteligencia el lugar donde se forjan los grandes inventos de los que hoy gozamos, y también las armas, nuestros dichos y nuestras maldiciones, nuestros actos buenos o malos y en general nuestro comportamiento.

Cada persona posee su propia inteligencia, cada persona es única y única es la forma en que ha interpretado los acontecimientos que han moldeado su vida, única en consecuencia es su sistema de creencias aunque comparta con otros ideas en común.

Las organizaciones se vuelven eficaces en la medida que logran dirigir sus esfuerzos en una sola dirección y ésta es eficaz

El origen de la asociación entre personas se encuentra en la naturaleza misma de cada hombre. El ser humano encuentra en su contacto con otros seres de su especie, la oportunidad de complementarse y perfeccionarse. Poco haríamos solos en este mundo sin las aportaciones enriquecidas de la medicina, la arquitectura, agricultura, religiones, y en general todos los avances e ideas de las que hoy gozamos y que han sido fruto de la interacción social e histórica.

Indudablemente que bajo el libre actuar del ser humano los fines organizacionales parecen guiarse hacia direcciones opuestas al perfeccionamiento de la naturaleza humana y aún los simples fenómenos sociales parecen integrar individuos con fines no solamente diferentes, sino en ocasiones contradictorios

Las condiciones económicas, la demanda y la oferta laboral, la incongruencia de los perfiles profesionales y la real demanda de desarrollo entre otros muchos factores, dan lugar a fenómenos de una gran divergencia dentro de las organizaciones.

La divergencia no es lo mismo que la diversidad, la diversidad nos complementa desde nuestras diferencias nos hace crecer, siempre y cuando se mantenga un fin en común, de lo contrario, la diversidad se vuelve divergencia y los esfuerzos son dispersados en la medida en que cada miembro de la organización persigue un fin diferente y en muchas ocasiones opuesto.

Por otra parte, puede darse la diversidad con convergencia y ser el punto de convergencia un antivalor, esto es cuando por ejemplo un grupo de personas deciden aportar sus diferencias para conformar una organización que se dedica al secuestro de personas, compartiendo el fin de generar riqueza a costa del sufrimiento del ser humano. Este tipo de organizaciones puede resultar muy eficiente y de hecho muchas han demostrado que lo son (al menos durante algún tiempo) pero nunca podrán ser eficaces, en la medida en que los fines que persiguen van en contra de la dignidad humana, los denigra como personas y los aleja de su fin. Sólo son bienes aparentes los que dan cohesión a ese grupo, como cimientos en la arena y por eso su tiempo de duración es relativamente corto.

 

1 González Álvarez A. Filosofía de la Educación” Ediciones Troquel – Buenos Aires. 1963., p.4

 (Para leer la segunda parte de este artículo, da click aquí)

Foto: crlsblnc via photopin cc

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