Problemas de Aprendizaje

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 De manera que, aprender significa poder tolerar que algo nos falta, ya que si estuviéramos completos no requeriríamos el nuevo conocimiento, así como aceptar que necesitamos de los otros para poder incorporar el saber que han adquirido las generaciones previas y conjuntarlo con nuestra creatividad y experiencia personal. Por otra parte, también hay quien considera que para poder aprender se requiere cierto monto de agresividad  que le permita al sujeto apoderarse de los conocimientos y se hace presente un deseo de control sobre el mundo que le rodea. En cuanto a la dificultad en el aprendizaje, Woolfolk A. (1999) la define como el “impedimento para adquirir y emplear el lenguaje; se manifiesta en problemas de lectura, escritura, razonamiento o matemáticas” (p.142).

La discalculia, la dislexia, los problemas de memoria, de atención, de concentración, perceptuales o incluso visuales suelen incluirse dentro del rubro “problemas de aprendizaje”. El problema, diría yo, muchas veces está del lado de los diagnosticadores: directivos, maestros, psicólogos y especialistas que no toleran la incertidumbre y los tiempos de espera para poder percatarse de cómo vive cada niño, adolescente o adulto su situación y qué existe detrás del síntoma del “no poder aprender” y en su lugar aparecen una serie de rótulos y recetas (e incluso algunas veces hasta medicamentos) que lo único que ocasionan es encasillar a los alumnos y les impiden resolver este conflicto.

Es sumamente común que el alumno que sabe que tiene discalculia pida al maestro que no le ponga problemas “porque no los puede solucionar” ~efectivamente tiene un problema que no está pudiendo resolver, pero no se refiere a las sumas o restas!) o que el niño diagnosticado con TDA-H, justifique su indisciplina dentro del grupo aludiendo a que está “enfermo” y no puede controlarse y por lo tanto se molesta cuando el profesor le pide sentarse y guardar silencio en la clase. Sin percatarse de ello, los alumnos que padecen problemas de aprendizaje pueden obtener aparentes beneficios como el “ser cuidado”, “ser tratado diferente al resto del grupo”, “evitar esforzarme” o “no tomar la responsabilidad que implica pensar”: sin embargo, lo que realmente encubre un problema de aprendizaje es una dificultad más profunda que no necesariamente tiene que ver con el contenido académico que le resulta complicado al estudiante aprehender y por lo tanto, es necesario escucharlo y descifrarlo como un mensaje. Varios especialistas proponen que se debe tener cuidado en distinguir el fracaso escolar que tendrfa que ver con una cuestión del sistema educativo: elección de contenidos, métodos de enseñanza, problemas institucionales, dificultades socioeconómicas, etc. de los problemas de aprendizaje que conciernen a cuestiones individuales.


 No existe una edad especifica para la aparición de estos últimos, aunque normalmente se manifiestan a partir de la latencia (perfodo que marca la declinación de la sexualidad infantil entre los cinco y seis años de edad y el comienzo de la pubertad) que coincide con el ingreso a la primaria; lo que es un hecho es que si los padres y maestros que están alrededor del alumno con dificultades para aprender, no prestan atención a esta cuestión, el alumno podré vivir con ello toda la vida y continuará buscando formas de hacerse escuchar. Es importante distinguir estos problemas de la simple ”flojera” o resistencia al esfuerzo que requiere estudiar cierto tema (¡porque a todos en algún momento nos ha ocurrido estol).

El verdadero problema de aprendizaje va más allá de la voluntad del alumno y de que le “eche ganas”, como he escuchado aconsejar a algunos profesores y directivos. Aludiendo a S. Freud y su planteamiento desde el psicoanálisis, los problemas de aprendizaje pueden entenderse principalmente como inhibiciones o srntomas. las inhibiciones consisten en un mecanismo de evitación, una retracción del yo para no tener contacto con el acto de pensar. Frente a algún exceso de información o una pérdida, el pensamiento se inhibe como protección y si ésta es permanente, entonces se convierte en una defensa patológica.

Éstas pueden aparecer frente a un área del conocimiento en especial o afectar de manera global y ocurren cuando existe un conflicto con el ello (instancia psíquica que contiene los deseos y los impulsos inconscientes). Por ejemplo: cuando la motricidad de la mano de un niño, necesaria para la escritura, queda afectada por la culpa inconsciente que siente por la  masturbación; como autocastigo, cuando la persona es demasiado exigente consigo misma y sabotea sus éxitos profesionales; o en situaciones de duelo en que las personas no aprenden porque piensan que incorporar lo nuevo implica olvidar lo de antes: su vieja casa, sus amigos, su antigua escuela …

Los síntomas, por su parte, son resultado de un conflicto emocional. Este es el caso de personas que han vivido situaciones traumáticas o donde existen secretos familiares que los padres desean que sus hijos “no sepan”, ocasionando así, que el niño o adolescente se cierre “al saber”. Por lo tanto, es importante considerar lo que se puede hacer desde las instituciones educativas, qué le corresponde a los padres y en qué momento se recomienda un especialista. En primer lugar, es necesario que la demanda que realizan tanto maestros como padres sea proporcionada, ya que altas exigencias que no consideran las necesidades e intereses de los alumnos pueden llegar a ocasionar deficiencias en su aprendizaje.

Por ejemplo, padres o maestros que pretenden que sus hijos o alumnos obtengan sólo dieces a toda costa para poder “presumir” lo buenos que son educando. Es  importante realizar un ejercicio de autoconciencia en cuanto a nuestro nivel de competencia y la amenaza que sentimos cuando alguien tiene mejores ideas que nosotros, ya que muchas veces, aunque directamente motivemos hacia el aprendizaje, inconscientemente cerramos las puertas a las preguntas y las dudas, que son los elementos que permiten el aprendizaje. En muchas escuelas se trabajan estos problemas realizando pruebas que permiten detectar el área en la que el alumno necesita apoyo: percepción (madurez, figura-fondo, cierre visual, constancia de la forma), coordinación ojo-mano, memoria a corto o largo plazo, lenguaje, resolución y  lógica, noción corporal, entre otros y a veces basta con aplicar algunos ejercicios; otros especialistas recomiendan instrucción directa o tutorías en las áreas afectadas, además del trabajo con padres (dependiendo de la edad del estudiante).

Algunos de estos problemas pueden ser tratados directamente por el profesor que se dedique a orientar al estudiante a partir de un buen vínculo, que abra el paso al tercer elemento del triángulo: el  conocimiento. Sin embargo, esto no siempre es suficiente, cabe mencionar que existen otros casos que deben ser tratados desde el consultorio en un análisis que permita explorar la historia familiar y lo que representa el  síntoma del afectado, por ejemplo, cuando las madres en la primera entrevista expresan “es que él no me quiere hacer la tarea”, esto nos remite más a un problema en la relación entre los pedidos de la madre y la negativa  del hijo que a la tarea en sí misma. Para concluir, se puede decir que los problemas de aprendizaje (en plural) no existen, lo importante es revisar qué le sucede a cada sujeto en relación con su aprendizaje, explorar la historia de cada alumno para poder atender a lo que cada uno expresa con su “no poder aprehender el conocimiento” y ayudarlo a desentramar eso que le impide poder acceder al mundo del saber y la cultura.

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